Marco Deportivo :: La realidad es de que…

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Marco Deportivo






Al primer bostezo, el chico se pasea por el rostro el pedazo de cartón que tiene en las manos, lo mete a su boca, juguetea con él, lo hace sonar. A su lado, otro chico, también sentado en el salón que ni siquiera es ocupado a la mitad de su capacidad, agacha la cabeza hasta colocarla a la altura de las piernas con un pedazo de cartón exactamente igual al otro, pero éste lo coloca a modo de almohada sobre su frente. La ceremonia se alarga y el murmullo de los chicos ya es perceptible. Están aburridos. Hartos. Todos son nombrados, pero el desarrollo del evento es lento; los hacen pasar uno por uno. Paseo frente a la mesa de honor, saludo de mano a las autoridades y la foto del recuerdo. Sólo los errores del maestro de ceremonias rompen el tedio y los chicos ríen burlones, traviesos. Los que todavía no han sido nombrados, esperan su turno. Los que ya fueron nombrados, como el par de chicos que espantan el aburrimiento jugueteando con los pedazos de cartón, ansían que la ceremonia acabe. Sin embargo, aún faltan los discursos oficiales. Primero Martha. La directora del deporte municipal es directa y se despide pronto: un minuto y cincuenta segundos frente al micrófono. Luego pasa Joaquín, un gimnasta de los tantos talentosos que han nacido en la ciudad, quien sorprende haciendo gala de sus dotes de orador con un discurso rápido y al grano: un minuto y veintidós segundos. Finalmente, el presidente municipal se apodera de la escena. Abre con “los buenos días”, repite hasta el cansancio su muletilla (“la realidad es de que…”), felicita a todos “de corazón” por su “gran compañerismo” y dice que para tener éxito debe prevalecer siempre “un buen ambiente”. Entonces, para no traicionar la filosofía aplicada en su primer año de gobierno, el alcalde Pelayo aclara que para tener éxito el buen ambiente debe prevalecer siempre pero “en el deporte”. Habla más y divaga, se pierde en otros temas hasta completar un discurso de siete minutos exactos. Ya en ese momento, los chicos lo único que quieren es salir del lugar. Por eso cuando los invitan a pasar a los jardines del Riviera para la foto grupal, se dibujan sonrisas emocionadas. Los pocos que lograron conseguir el permiso escolar para salir en jueves y a las diez de la mañana, toman su lugar frente a los fotógrafos. El alcalde, después de que la imagen ha sido capturada, se despide orgulloso por haberlos reconocido en diciembre, aunque la competencia en la que participaron haya finalizado en junio. Por último, para reconocer aún más la hazaña deportiva de los chicos que llevan consigo un pedazo de cartón que dice “reconocimiento a los medallistas de Olimpiada Nacional”, los organizadores les solicitan ingresar de nuevo al salón para que disfruten el menú especialmente preparado para la ocasión: sándwich, ensalada y jugo, todo bien envueltito en su plato desechable.

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