Marco Deportivo :: Dos amigos

Ya se conocían desde pequeños, allá en el pequeño pueblo sinaloense que los vio crecer. Carismático, ninguno. Ambiciosos, con metas altas, los dos. Uno, aficionado al deporte. El otro, su amigo, más estudioso. La afición por el deporte llevó a uno al beisbol. El estudio llevó al otro a destacar por su capacidad académica. Las familias tomaron el mismo rumbo: viaje hacia el norte. De la pacífica Concordia a la revolucionada Tijuana. En la frontera los dos jóvenes continuaron su desarrollo sobre la misma inercia: uno en el beisbol, el otro en la política. Con el tiempo los dos hicieron camino hasta alcanzar posiciones de liderazgo. Uno finalizó su trayectoria como beisbolista y ascendió puestos al interior de la liga donde jugó. El otro finalizó su carrera académica y ascendió puestos en su partido político. Uno picó piedra hasta llegar a la presidencia de su liga, la de mayor tradición en Tijuana. El otro picó piedra hasta llegar a la presidencia municipal de Tijuana, su ciudad adoptiva. Poco después, uno logró su aspiración de toda la vida y se convirtió en presidente de la asociación estatal de su deporte, el beisbol. El otro escaló peldaños dentro de la política estatal como funcionario de la longeva administración panista. Uno siguió como presidente de la asociación estatal de beisbol por un periodo más, su segundo, en medio de críticas y divisiones. Mientras tanto, el otro resultó ganador en las urnas para llegar a la diputación federal. Uno logró su segunda reelección al frente de la asociación estatal de beisbol, aún con mayor resistencia y un gremio descuartizado. El otro alcanzó el mayor triunfo de su carrera política: Gobernador de Baja California. Uno, con la asociación estatal de beisbol en ruinas, consiguió su tercera reelección. El otro entró en la segunda fase de su administración. Uno acumula catorce años, cuatro periodos y tres reelecciones al frente del beisbol estatal. El otro está en la recta final de su administración como gobernador. Uno se fue por el camino más fácil: el del deporte mexicano, donde hay reelecciones indiscriminadas y las leyes se tuercen a palcer en nombre de la normatividad. El otro tiene poco más de un año para cumplir con el encargo en el que no hay reelección alguna. Uno de los representantes de la familia Lugo Valenzuela, Freddy, está fortalecido, recuperado y hasta elogiado por ser protagonista de una de las más célebres dictaduras del deporte bajacaliforniano. Y además se ufana presumiendo al otro, uno de sus garantes para hacer y deshacer, su amigo el gobernador, José Guadalupe, representante de la familia Osuna Millán.
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