Apuntes Perdidos

APUNTES PERDIDOS

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Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Un americanista anti americanistas

Se recomienda analizar el título de este texto. Sería una contradicción ser un americanista anti americanista. Por eso la precisión: Soy un americanista anti americanistas. Es más, cabe ampliar la precisión, para no incurrir en la desagradable práctica de generalizar: Soy un americanista anti algunos americanistas. La letra final, esa ese, explica todo. De modo que entiendo a los que repudian, por malos perdedores, a quienes seguimos al actual campeón del futbol mexicano, aun cuando creo que es un fenómeno general y global; aquello del fanático enceguecido que si una mano es dentro del área rival, asegura que el penal debe ser pitado por claro, diáfano, indiscutible. Pero si esa misma mano es cometida en el área de su equipo, ese penal no debe ser pitado por dudoso, turbio, cuestionable. Esto viene a cuenta por lo del jueves cuando León caminó sobre la cancha sustituta de Querétaro y con eso tuvo para ganar la semifinal de ida por uno a cero. Esa noche, habré de reconocer, América tuvo la virtud de insistir. Nada más. Porque lo hizo de manera anárquica, como suele hacerlo: pelotazos a las bandas y entonces los centros de los extremos, en espera de que alguno de los nueves pesque una. En contraste, León sólo esperó la suya. No necesitó de más. La única del segundo tiempo le cayó a Sambueza que asistió después de un montón de toques entre verdes sin que águila alguna pudiera interceptar el balón hasta que uno de los suyos hubo de recogerlo de entre las redes, cuando Macías lo mandó dentro. Tras eso, intentos a empujones, desesperación frente al avance del cronómetro e impotencia frente a la gran noche del portero Cota. No sé qué habría pasado si León decide atacar más. Por fortuna no quiso. Se conformó con el gol de ventaja, con ese casi dos cero si se considera su posición como líder general. Así lo vi y así lo compartí en redes sociales. Para mi sorpresa, la reacción a mis palabras de despecho no fue de anti americanistas hurgando en la herida. La respuesta iracunda fue de americanistas heridos por mis conceptos; afines que vieron otro partido del que yo vi, quienes casi me exigían corregir, borrar lo escrito, recular mi postura, porque para ellos León mereció menos y América más; porque para ellos la estrategia de Herrera desarmó a Mena y Sambueza y el Chapito, mientras que Ambriz sólo se defendió; porque de acuerdo a su manera de ver el juego, el líder del futbol mexicano fue limitado pues su ventaja fue de apenas uno por cero sobre el actual campeón, lo que, desde su muy respetable punto de vista, le restaba mérito al ganador y enaltecía al derrotado (como si el América jugara como el Barcelona de Guardiola y como si el Piojo fuera Guardiola). Y yo, que no entiendo y que llegué a pensar ¿qué juego vi?, ahí voy lanzado al vacío, reincidiendo en el peor de mis errores: engancharme, discutir, meterme a un callejón sin salida, topar con pared, estableciendo una serie de diálogos estériles, por más extraño que parezca, frente a fanáticos lastimados por el mismo motivo. Pasada la euforia de la respuesta inmediata, del debate acalorado, ha de llegar la sensatez. Y entonces a borrar lo publicado, eliminando cualquier rastro de esa pelea de ciegos en que se convierte una discusión futbolera. Mañana, América juega la vuelta. Debe marcar al menos dos goles para aspirar a algo. Y debe hacerlos en León, la cancha del mejor equipo del futbol mexicano. Si lo logra, seré feliz. Si no lo logra, (espero, sin prometerlo) no publicaré nada. No quiero americanistas rondando en mis publicaciones. Si son antis, serán bienvenidos. Los prefiero. Me caen mejor. Al menos son divertidos.

*El autor es colaborador de AGP Deportes.

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