Apuntes Perdidos

APUNTES PERDIDOS

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Por Marco Antonio Domínguez Niebla

El hijo de la profe

En cuarto la cosa iba mal. Calificaciones reprobatorias, distracción, aislamiento, desgano. No estaba cómodo, nunca lo estuvo en ese colegio. De modo que pusimos manos a la obra en busca de otra escuela, una pública por donde cada vez que pasábamos decía: ahí quiero estudiar. La abuela materna, maestra en jubilación y con una especial devoción por el mayor de sus nietos, fue responsable de concederle el deseo, hallándole un lugar ahí. Y me dijo que tenía una buena noticia: Rita será su maestra. Luego me explicó que se trataba una profe de línea dura, estricta, de las de antes, lo suficientemente capaz de componer el camino de un chico de nueve próximo a enfrentar un entorno tan desconocido como desafiante. La vieja primaria Corregidora, aferrada al puro centro de la ciudad, fue a partir de entonces mi destino diario en espera del timbrazo a las doce para recibir al más pequeño de los estudiantes del quinto B. Por aquellos días, además de las responsabilidades paternas, me ocupaba una nota que me persiguió por años, el desafortunado caso de un chico que llegó a tocar el punto más preciado al que puede aspirar cualquiera jugador de futbol: fincar una trayectoria profesional. Pero, por esas cosas del destino, de repente, una noche se encontró en el lugar equivocado como participante de un hecho que lo privó del valor más preciado al que cualquiera pueda aspirar, independientemente de su profesión: la libertad. Le di seguimiento a la nota aun cuando fui incapaz de importunar a su familia (sólo conocí al padre alguna vez), preguntando por su situación legal durante poco más de dos años. De eso ya ha pasado un tiempo. Al día de hoy todo ha mejorado. Marco ya es un chico de secundaria que, guiado por su maestra, terminó en el cuadro de honor tanto en quinto como en sexto. Y Alex, el futbolista, está de regreso en casa y sigue jugando fútbol, como lo hizo con Xolos, Rayados, Dorados y Necaxa, ahora en el sector aficionado. Por cierto, el domingo lo encontré. Recién había ganado el campeonato estatal con una selección tijuanense, luego de hacer el gol de la coronación sobre un combinado de su natal Ensenada. Lo saludé y entonces escuché un orgulloso: ¡Yo soy la mamá! Así que, con cierta sorpresa ante el descubrimiento, también la saludé a ella. Me dio gusto, no veía a la profe Rita desde que le entregó el diploma por aprovechamiento al más pequeño de sus estudiantes del sexto B.

*El autor es colaborador de AGP Deportes.

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