LA COLUMNA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
40 y 20
Desde que cumplí cuarenta, todo veinteañero me parece un chamaco. Aún más cuando se trata de los integrantes de ese grupo al que sigo con atención desde que eran eso: unos chamacos. Observo la ceremonia y más allá de atender el discurso eterno del gobernador, que se apasiona al hablar de deporte como un consumado conocedor bien actualizado en la materia por más de veinte minutos (pero que también aprovecha para prolongar su comparecencia mientras ahuyentan a los holgazanes que le hacen una manifestación afuera del centro de alto rendimiento), juego a adelantarme a las reacciones de cada uno de ellos cuando se mencionan sus nombres y no me sorprendo al atinar mis vaticinios porque a través del tiempo he aprendido a conocer sus personalidades, tan diferentes entre sí. Antes, Saúl, el director del instituto del deporte, también nacido en esta tierra, ha hecho un recuento de lo más importante de su gestión y entre esos logros destaca la actuación de Santiago y Daniel, los dos gimnastas que veía en el viejo gimnasio Montserrat desde que, de chamacos, ya apuntalaban esa relación de compañeros convertidos en rivales deportivos por su talento y sus deseos prematuros de ganar la representación de México en Juegos Olímpicos. En su mensaje, el director del instituto reconoce que el boleto para la gimnasia mexicana a Juegos Olímpicos lo rescató Santiago en el mundial y que ya después, por su mayor nivel competitivo, Daniel terminó por ganar la carrera parejera rumbo a Londres entre ambos ensenadenses surgidos del “mismo establo”, como lo dijo después el gobernador. Ahí mismo está Arturo, el nadador olímpico del que el profe López me hablaba maravillas hace años. De la misma manera, el gobernador lo presume, lo pone como ejemplo de tenacidad cuando cuenta que apenas a los 16 años tuvo que dejar Ensenada para mudarse a Tijuana y cumplir con el trabajo propio de un nadador de su talla en la instalación idónea. Aunque no lo mencionan por ahí se encuentra también Harsamrat, el karateca mundialista, socio de los hermanos Carrillo y discípulo distinguido del Sensei Cuauhtémoc. Cuando acaba el evento los busco a todos. A Harsamrat ya no lo encuentro. A Santiago, Arturo y Daniel, sí los entrevisto. Los tres me hablan de sus planes, sus proyectos. Me doy cuenta de su madurez: ya han crecido, son unos hombres hechos y derechos, triunfadores desde hace un buen rato. Pero por esas manías que llegan con la edad, al final rompo mi costumbre de no fotografiarme con mis entrevistados. Los llamo a los tres. Posamos los cuatro: el cuarentón y los tres chamacos. Clic. Ya está.




