La imagen que proyecta no es de decisión ni seguridad. Por el contrario, la imagen que proyecta es de inseguridad, de indecisión. En el primer momento, sólo dijo que estaba en desacuerdo, aunque admitió desconocer mayormente el tema. La entrevista tuvo que ser rápida por la extensión de las respuestas: breves, tajantes. Como resultaba imposible insistirle sobre un tema que decía desconocer –aun cuando conocer el tema supone una de sus obligaciones–, el encuentro no duró más de minuto y medio. Momentos antes, cuando le fue solicitada su intervención por parte del grupo afectado, ya había respondido de la misma manera lacónica, evasiva, durante un foro realizado en Cearte. Los quejosos suponían, como lo suponíamos todos, que su opinión había sido tomada en cuenta por su jefe a la hora de tomar decisiones sobre un espacio ubicado dentro de su jurisdicción. Evidentemente, por su actitud, por su manera de abordar el tema, no fue así. Al paso de los días, han surgido todo tipo de opiniones: en contra, muchas; a favor, muy pocas. Los basquetbolistas, inconformes, fijan su postura enérgica. Los voleibolistas, igual. Hasta los beisbolistas vecinos empiezan a padecer la medida y se unen al grupo de disconformes. Los especialistas también se suman a las voces críticas y toman partido calificando la decisión de irracional, ilógica y carente de sentido común. No faltan quienes, tan acostumbrados a vivir en un país carente de cultura deportiva, desinformados, consideran que “para qué tanto escándalo” por la desaparición de un espacio que “ni se usaba” o que “sólo” se usaba como estacionamiento o como sede de torneos de boxeo amateur. Entre estos últimos, por cierto, se encuentra el alcalde de Ensenada, quien, haciendo gala de sus dotes de Rey Midas a la inversa, decidió, así nomás porque le dio la gana, reubicar la estación de bomberos justo entre el gimnasio municipal Oscar “Tigre” García y el deportivo Antonio Palacios. Mientras tanto, en el congreso, el tema despierta al mercenario que cada diputado lleva dentro y, previa embarrada de lodo, “nuestros representantes” asumen con aplomo el rol que les ha sido encomendado por sus patrocinadores dando carpetazo al tema y rechazando un punto de acuerdo para que el presidente municipal de Ensenada reconsidere el lugar donde pretende reubicar a los bomberos. De esta manera, los días pasan y casi todos participan en la discusión. Ya nomás falta que, desde el Instituto Municipal del Deporte, Martha, la directora, ya más informada sobre el tema después de casi un mes, se sume de manera decidida y segura, sin miedo a decirle a su jefe que está equivocado, al grupo de defensores del gimnasio Oscar “Tigre” García. Sus discípulos, los basquetbolistas que la profe Soto formó en ese espacio, es lo que esperan de ella.

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