ATLETISMO

#RamiroCelaya: Consagrado al recuerdo de Morgan, el Labrador que guió sus pasos





Ensenada, Baja California.- Fue un sábado. 20 de febrero por la mañana. Ramiro lo llamó, sin éxito. Morgan, todo un veterano de 14 años de edad, “ya muy cansado”, no respondió. Había muerto.

Ramiro Celaya, reconocido basquetbolista en su juventud -antes de los padecimientos que lo han convertido en uno de los atletas con discapacidad más activos de Baja California-, hubo de esperar dos años para recibir la noticia que le cambió la vida. “Yo lo quería, lo necesitaba, y cuando llegó lo abracé, llorando de emoción. Fue en 2004 gracias a un programa del DIF, promovido para dotar de perros guías a ciegos y débiles visuales”.

La relación fue tan estrecha, “como un matrimonio”, que cada recuerdo es acompañado de una pausa, un nudo en la garganta del hombre que, pese a su sordera y su cada vez más avanzada pérdida de la vista, ha encontrado en el deporte el medio para no desistir en la búsqueda de desafíos. Y en su perro guía al cómplice para cumplirlos.

Morgan no tardó en dar muestras de su lealtad. Entrenado en Detroit, y apenas presentado con Ramiro, intervino para evitar una tragedia. Se realizaba un curso de capacitación en el que participaban varios beneficiados por el programa de perros guía. Y de pronto, Ramiro, confundido por el sonido producto del cambio de luces en el semáforo, se encontró en medio de una calle a merced de los autos que se dirigían en dirección a él. “Entonces, Morgan se cruzó para detener el tráfico. Me salvó la vida”, cuenta con emoción al evocar la memoria del Labrador al que rendirá homenaje el domingo 14 de agosto durante la carrera de 5 kilómetros “Corre por Mí”, organizada por el Club Muschachos en la unidad deportiva Sullivan.

La finalidad del evento atlético es reunir fondos que permitan otra más de las tantas cirugías a las que Ramiro se ha sometido, en este caso “de aproximadamente 15 mil pesos”, para salvar su ojo izquierdo y “acabar con los dolores de cabeza tan fuertes” que el padecimiento produce como consecuencia.

Pero el deportista conocido por su participación en eventos atléticos y deportes propios para débiles visuales, insiste, con ojos acuosos, en convertir a Morgan en el personaje central de cada anécdota relatada durante su intervención en la rueda de prensa promocional de la fecha atlética.

Por lo pronto, Ramiro desconoce cualquier posibilidad de encontrar al sustituto del compañero que guió su camino por década y media. “Hay una lista de espera de hasta tres años, y mejor prefiero los resultados de la próxima cirugía que se realizará en Tijuana para saber si es necesario otro perro guía”, apuntó.

La vida de Ramiro sigue. Sus esfuerzos por mejorar su calidad de vida, y de vista, no cesan. Ahora camina y también corre, con su bastón, por las calles de Ensenada. Pero no va solo. Morgan cumplió.

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