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Por Fernando Ribeiro Cham

Artículo 22 fracción III

El debate es sano siempre que se dé en el marco del respeto y la argumentación y en ese sentido y de forma reciente, se ha comentado sobre los requisitos – considerados limitativos por algunos y favorecedores del tecnicismo por otros – para desempeñarse en el ámbito de la cultura física y el deporte desde la función pública.

Conozco de primera mano las reformas que establecieron la comprobación de un grado de estudios superiores en materia deportiva para ser titular, en el municipio y el estado, de las dependencias encargadas de este rubro. La fundamentación que se esgrimió en la exposición de motivos fue básicamente que la organización, administración y ejecución de una política pública en cultura física y/o deporte, es una actividad especializada y que se apoya del conocimiento teórico para lograr una mayor eficacia y eficiencia.

Hay una obviedad en la siguiente afirmación, “cuanto mayor es el conocimiento sobre un determinado objeto, las probabilidades de tomar una decisión acertada aumentarán”.

El debate sobre la regulación profesional en el área del deporte y en las manifestaciones que de este se desprenden, como el entrenamiento deportivo, la administración de entidades que se circunscriben a esta actividad entre otras, es, además de añejo, complejo en cuanto a que la administración es una asignatura de impacto general, de ahí que pueda desprenderse el argumento de que mientras la cabeza sea alimentada del tecnicismo que generen las demás áreas de la estructura, la toma de decisiones tendrá mayor probabilidad de acierto. “Teniendo buenos asesores o colaboradores que conozcan sobre el tema, no importa tanto quien esté al frente”, suele decirse. No comparto esa perspectiva.

Expongo a continuación tres razones por las que creo que la especialización traducida en un grado académico de estudios superiores, coadyuva para una mejor toma de decisiones en la administración, que hay que decirlo, si esta última se refiere a la pública (gubernamental) se ve intervenida también por factores externos propios de la influencia del entorno político que rodea, a cualquier institución.

I.- La homologación y sistematización de procesos administrativos que son propios del sistema deportivo nacional. Si en la institución no se conocen o comprenden las interacciones que se dan en el marco de los actores del SINADE, la curva de aprendizaje puede ser más extensa. Pensemos por ejemplo en que se desconoce el marco normativo que rige al asociacionismo deportivo, no solo desde el ámbito civil, sino en lo expresado en lineamientos rectores como el capítulo propio de la ley general de cultura física y deporte o la propia carta olímpica, sería fácil suponer que la toma de decisiones podría verse afectada por traspasar límites establecidos como parte de las facultades propias. Saber por ejemplo de la representación de CODEME en la entidad o de la función que en los municipios se tiene, coadyuvante con los consejos del deporte estudiantil en los distintos niveles educativos, facilita sin duda la toma decisiones.

II.- El entrenamiento deportivo es hoy más que nunca resultado de un ensayo en un tubo de probeta y ello requiere recurso. El mejor remo de este país se practica en el “acuario del mundo”, San Felipe, pero cómo fue que se determinó construir un gimnasio indoor para tal disciplina, con base a qué criterios se le da continuidad a la labor de Loyola y de qué manera decides la participación o no en un evento preparatorio dentro del ciclo olímpico cuando la federación decide no subsidiar la participación de un atleta o delegación. Todas las preguntas anteriores se responden de una mejor manera cuando hay conocimiento técnico.

III.- La academia surge de organizar y estructurar el conocimiento empírico. Los hechos generaron experiencias, mismas que fueron analizadas de manera racional, lo que posteriormente llevó a tratar de tener resultados deseados basando las acciones en el conocimiento obtenido por la experiencia. Después llegó el plasmar acciones y resultados. “Hicimos esto una y otra vez y obtuvimos este resultado”. Hipótesis, teorías y leyes fueron entonces concebidas. La academia surgió como espacio para el conocimiento y comprensión de todo lo anterior, el acto de comprender el porqué de algo. Desde mi perspectiva la academia otorga, claro está, cuando ha sido provechosa, dos ventajas fundamentales, la capacidad de profundizar en un lenguaje más técnico, de mayor comprensión y la obtención de herramientas para llegar de forma más breve y acelerada a una conclusión acertada. Hoy no es necesario haber sido saltador de longitud, para hacer un estudio biomecánico que incluya teoremas de triángulos con ángulos rectos, catetos e hipotenusas y hacer un comparativo entre un determinado salto y otro de un atleta ranqueado en los primeros lugares mundiales.

Hoy por hoy hay requisitos en perfiles que buscan una idoneidad. Se pensó en aquel momento, como muchos seguimos pensando actualmente, que quien tome decisiones debo hablar y entender un lenguaje común, que incluye generalidades de microciclos, mesociclos, umbral aeróbico y anaeróbico, fases sensibles, principios del entrenamiento deportivo, reformas estatutarias y comisión bipartita COM-CONADE, recurso de apelación, asambleas ordinarias y extraordinarias, crioterapia y forma deportiva, dopaje por EPO y la diferencia entre circuito, copa o campeonato, entre otras cosas.

Claro está que por contraparte podemos hablar de las deficiencias de tal o cual programa académico, la falta de vocación o la incapacidad para llevar a la práctica el conocimiento adquirido, pero todo ello escapa del propósito fundamental por el que surge una unidad académica. Dejemos a un lado también esa innecesaria disociación que en ocasiones quiere hacerse entre el conocimiento técnico y los valores. El ser honesto y regir tu actuar de forma ética, no tiene por qué contrapuntearse con la formación técnica.

Requisitos hay y para que se remuevan, al menos uno esperaría que existiesen argumentos, como los hubo cuando se pusieron.

*El autor es Licenciado en Actividad Física y Deporte por la UABC. Fue responsable de deporte asociado en el Instituto del Deporte de Baja California. En la actualidad encabeza la coordinación de educación física en el Sistema Educativo Estatal. También preside el consejo directivo del Salón de la Fama del Deporte de Ensenada.

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