MARCO DEPORTIVO :: La foto con el “Marro”


¡“Marro”!, te grité en plena carrera, para que no te me fueras sin tomarte la foto que ilustraría la nota en la que aparecerías como el autor del único gol del juego de ida. De inmediato, respondiste al llamado y te dispusiste a ser fotografiado. Pediste un balón y lo tomaste entre las manos, posando de pie, sonriente. Después del clic me pediste otra foto y llamaste a mi acompañante: “quiero una con la madrina del equipo”, me dijiste. Anael, mi hija de ocho años, volteó a verme como solicitando permiso y asentí con la cabeza. Ella avanzó hacia ti cuando aún portabas la camiseta de tu equipo, Pueblo Antiguo, sobre la cancha tres de Ciudad Deportiva. Ahí le entregaste el balón y ella lo tomó entre las manos al tiempo que yo disparé el segundo clic. “Gracias, Marro”, te dije, mientras tus compañeros te dedicaron las clásicas frases a modo de “carrilla”, habituales cuando uno de los jugadores del partido genera “envidia de la buena” por su actuación. Cuando nos retiramos del campo, mi hija me preguntó por qué te dicen “Marro”. “Seguramente por la fuerza con la que golpea la pelota”, respondí. Y ella sonrió por la explicación. Una semana después, nueve días para ser exactos, Anael me pidió de favor que le permitiese acompañarme a trabajar. Le dije que tendría la cobertura de un juego de futbol hasta las siete de la tarde, pero en vez de desistir en su intento, insistió. Accedí y llegamos al campo Nueva Ensenada a las ocho de la noche, justo al medio tiempo. Tu equipo empataba a uno con Bomar, aunque el global les favorecía gracias al gol que conseguiste en el juego de ida. La final de la categoría 50 años quedó decidida en cuanto inició el segundo tiempo: un disparo de larga distancia fue desviado por el portero rival y el balón quedó a modo para que lo empujaras al fondo de la meta. ¿Quién metió el gol?, me preguntó Anael. El “Marro”, le dije. Fue un marrazo del “Marro”, comentó, como si te conociera de años. Pasaron más de cuarenta minutos, se registró un gol más y el juego terminó con global de 4-1. De nuevo, te solicité que posaras para la foto, ahora junto a los otros dos goleadores de tu equipo. Te pusiste al centro, feliz, detrás de un trofeo más ganado en tu notable carrera deportiva. Desde entonces, Anael, mi hija, te recuerda no sólo por tu apodo, sino por todo lo que le conté de ti, Jorge Cárdenas, mientras sonaba el silbatazo final. Por ejemplo, cómo ganaste aquella batalla de la que saliste ileso (tal vez en lo que ha sido el partido más difícil de tu vida), con la salud recuperada. Pero sobre todo, te tendremos siempre presente por invitar a Anael a acompañarte en aquella foto, ya debidamente colocada en el álbum familiar.
mdominguez@elvigia.net
mdniebla@gmail.com




