Apuntes Perdidos

APUNTES PERDIDOS

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Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Los Dodgers y el dueño de los Potros

Todos los caminos relacionados con el beisbol me llevaban a Dodgers de Los Ángeles. Fue antes de mi decepción frente al béisbol por las desgracias posteriores de ese equipo de Grandes Ligas, todavía enfervorizado entonces por el heroico jonrón de Gibson recorriendo de las bases sobre rodillas de cristal como epílogo a la altura de aquel capítulo de gloria. Por esos años también llegué a jugar beisbol de manera formal como un primera base sumamente influenciado por el gran Steve Garvey y que por bien servido se daba disparando su hit por juego, dentro de un equipo formado por amigos del barrio, Aminsa, sin mayor pretensión que divertirnos y satisfechos de alcanzar algunos resultados decorosos frente a las potencias de la época y jugadores posteriormente legendarios como un pitcher del Can-Am procedente de Maneadero, el zurdo Garibay, cuyo destino habría de encontrarse sobre el montículo de Wrigley Field uniformado de Cachorro. Pero un par de compañeros de secundaria y luego de prepa viajaban emocionados de Ensenada a Tijuana para ver a los Potros cada invierno, y contaban las hazañas de ese buen equipo que incluso llegó a coronarse en par de ocasiones y que hubo de desaparecer sin que los chicos de mi generación estudiantil entendieran el motivo. Con los años, ya dedicado a lo que hoy me dedico, el tema me interesó. ¿Qué tan grave había sucedido para que las ligas de carácter nacional impidieran el regreso de una plaza garantía de éxito deportivo y de afición? ¿Qué había pasado para que los empresarios que pretendían regresar “la pelota” a Tijuana hallaran un camino cuesta arriba? Se llegó a hablar de las distancias en el caso de la liga veraniega. ¿Y el invierno, donde brillaron los Potros de los ochenta? Ahí encontré la respuesta de la que cualquier beisbolero de Tijuana da cuenta con pesar. Un supuesto soborno a peloteros de los también bajacalifornianos Águilas de Mexicali le costó al dueño del equipo la inhabilitación de por vida de la Liga Mexicana del Pacífico. En el verano, el beisbol volvió intermitentemente a Tijuana con otros Potros y los ya consolidados Toros. Sin embargo, el beisbol invernal ya no más. Aquella trampa de la que se acusó al poderoso propietario de los Potros y de otros equipos de las ligas locales e incluso de la Norte de Sonora, el señor Bonilla, asimismo a cargo de medios electrónicos e impresos en Baja California, aquel deseo suyo por imponer sus reglas más allá de las escritas en el reglamento, sentenció el destino de Tijuana, ignorada hasta hoy entre las diez ciudades sede que están por iniciar la temporada 2019-2020. Han pasado muchos años, más de treinta, pero hay cosas que no cambian. El dueño de aquellos Potros, el señor Bonilla, es Gobernador electo de Baja California y sigue moviendo sus piezas, ya no durante los inviernos beisboleros, sino en el congreso del estado porque le parecen pocos los dos años para los que fue votado. Y, por cierto, los Dodgers no han vuelto a ganar otro campeonato.

*El autor es colaborador de AGP Deportes.

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