LA COLUMNA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Por los de rojo
Veo la boleta. No hallo cuál de esos nombres marcar. No me dicen nada. Cuando menos nada positivo, nada que me lleve a cruzar alguno con decisión o por convicción. He empezado por la de senadores. De los tres punteros, ni a cuál irle. Puros zorros mañosos disfrazados de grandes y honorables señores gracias a la política. Tomo la decisión. En el instante, siento un malestar. Doblo la hoja en cuatro partes y la dejo a un lado como asqueado. Paso a la de diputados. Tampoco hallo cuál recuadro marcar. Este caso es diferente. Dos de los nombres sí me dicen algo. Es extraño, son políticos pero los respeto. Sé que entre ellos quedará el triunfo. Por eso tardo en tomar la decisión. Tengo que hacerlo más a prisa. Afuera esperan dos personas con las tres boletas en la mano. Ella o él. No puedo pensarlo más. Listo. Marco esa boleta, hago los respectivos dobleces y paso a la última. Presidente de la república. Uno eliminado. Dos en la pelea. El otro favorito. Ninguno me convence. Leo sus nombres y me suenan a caricatura, a chiste de red social, a pasado oscuro, a cola que les pisen, a demagogia, a burla, a cínicos que hablan del bien común cuando lo que han hecho durante todas sus trayectorias ha sido velar por el bien de unos cuantos, de los suyos. Ya estoy ahí. Ni modo. Tengo que votar por alguno. Mientras más pronto, mejor. Cruzo la boleta y cumplo con el trámite, con el deber ciudadano. Miro el reloj. Las once y media. Me embarran el dedo. Apesta. No importa. Salgo liberado. Alcanzo a ir por un café. Tengo quince minutos. Hago menos. En diez ya estoy frente al televisor. El juego empieza. Es el gran día. Por fin me siento cómodo. Ahí no dudo. Elijo de inmediato. Toque y toque. Un baile. Dos goles en el primer tiempo. Dos más en el segundo. Cuatro a cero, al final. La poderosa Italia reducida a escombro, un costal vapuleado durante noventa minutos por la mejor selección de futbol que he visto en mi vida. Corrijo: la mejor selección que veré en lo que me resta de vida. España ya no sólo es campeón del mundo, también es bi campeón de Europa. Cuando suena el silbatazo final me siento aliviado. Por fin sé que este domingo cuando menos he tomado una decisión de la cual no me arrepentiré. En el futbol, iba con los de rojo.




