DIARIO HASTA LA FINAL (Día 21)


Por Marco Antonio Domínguez Niebla
¿Frágil?
Era necesario ganar. Con lo hecho en la efectiva fase de grupo (nueve puntos y cero goles en contra), no había espacio para caer antes de tiempo, para quedar debajo del puesto 16, para recurrir a alguna frase fatalista de las acuñadas cada cuatro años.
Y la selección mexicana, en un juego de eliminación directa y después de 40 años, no falló.
La generación más pobre en términos de talento (decíamos, y lo decíamos todos), con un técnico que fracasó en par de ocasiones durante la instancia decisiva con las selecciones de 2002 y 2010, daban poco espacio para esperar lo hasta hoy entregado.
¿Y si la sub líder de la eliminatoria sudamericana, que recién había vencido a Alemania para clasificar, se engancha justo en el Azteca para aguar la fiesta? ¿Y si Pacho del PSG y Caicedo del Chelsea e Hincapié del Arsenal paran en seco las aspiraciones de México?
Al final no solo no pasó eso; al final vimos la mejor actuación de la que haya memoria de una selección mexicana, enmarcada por la magia de un Azteca ocupado a su máxima capacidad por la eufórica, fiel y entregada afición local (si no la mejor, muy cerca de ello).
Ocho goles a favor y ni uno solo en contra, con el Cachorro y Johan en plan grande, junto a un Jorge Sánchez desconocido por un nivel tan notable jamás alcanzado a lo largo de su inconsistente trayectoria, y ni se diga el siempre a tono Gallardo. Ya si nos vamos al medio campo, qué espectáculo lo de Erik Lira. ¿Espectacular un contención? Sí, en este caso sí. Hasta el Piojo Alvarado se ha redimido con su ida y vuelta (aunque no tanto con su finalización de jugadas). Romo ha sido la aparición inesperada que el Vasco siempre se saca de la manga, y ha cumplido. Merecen nota especial los anotadores de los goles: Quiñones, el naturalizado más sobresaliente en la historia de la selecciones nacionales (si no es que el único), así como Raúl, el próximamente goleador histórico, que se sacó de la manga un misil al ángulo del arco ecuatoriano para ya ser dos veces anotador en la copa del 26.
Tenemos que cerrar con broche de oro recurriendo una sola pieza, un elemento clave, un talento mayor descubierto justo después de que por ocho años la calidad de los futbolistas nacidos en México ha sido puesta en duda una y otra vez: Gilberto Mora.
La sola presencia del jugador de 17 años, nacido en la estructura de los Xolos de Tijuana, revolucionó a un conjunto de tres primeros buenos resultados, pero con inconsistencias que abrían el espacio para la duda. Morita las disipó con su talento. ¿Frágil, decían? No lo pareció frente a Pacho, el líder de la defensa del PSG bicampeón de la Champions.
Por lo pronto México se ha instalado en octavos de final ( (todos creemos que contra Inglaterra, pero habrá que esperar a lo que responda Congo).
Por hoy la sensación, la atmósfera es otra, tanto que se ven lejanos los tormentosos finales de de Bora en el 86 y hasta de Mejía Barón en el 94 y de Lapuente en el 98 y de La Volpe en el 2006, e incluso hasta de la leyenda despechada del “No era penal” del 14 y el triunfo sobre la entonces campeona del mundo, Alemania. Al tiempo.




